Querida sombra:
Terminé mi examen al fin. Me siento liberada y sin ataduras, pero sé que esto sólo me durará quince días, desgraciadamente.
Ahora me encuentro en el coche y me esperan cuatro eternas horas de viaje. Ojalá mi destino fuera una playa o en vez del coche me tocase tomar el primer avión que me llevase muy lejos de aquí a un país de los tanto que quiero visitar. Pero no, mi destino es que el coche vaya cargado hasta reventar para llegar el pueblo. Cuando digo reventar me quedo corta, casi tengo que hacer un agujero en el techo para poder respirar y mis pobres extremidades olvidarán lo que es el movimiento.
En la tele todo lo relacionado con viajar sale muy bonito, niños saltando en la arena, unos maromitos jugando al volley playa, cócteles en manos de personas despreocupadas tras sus gafas de cristal fosforito, familias sonrientes arrastrando sus maletas hasta el avión... Nadie habla de las horas muertas en vehículo, ni de las madrugadas y la noche en vela de antes, ni el '¿qué llevaré?' '¿qué se me olvida?' '¿llevo todo?', ni de los nervios y el increíble peso de todo lo que quieres llevar, ni de las medusas descansando junto a la arena que te quema la planta de los pies y se te mete por partes indebidas, ni de lo que duele dormir cuando tienes la espalda como un cangrejo. Ni de otras muchas cosas. Aún así yo siempre viajaré tanto como la vida y el dinero me lo permita. Estoy deseando comprarme un mapa en el que colocar las típicas chinchetas señalizado los lugares donde he estado y los que me quedan.
Y tú, sombra, si pudieras ¿dónde estarías ahora?
Con cariño,
lo que antes era humano y ahora es una plasta derretida en el coche.
A tu lado ;)
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