Los acordes de guitarra inundaban el cuarto verde mientras me rasgabas las entrañas.
Me mirabas de tal forma que no podía apartar la vista aunque me consumiese por dentro a su vez, y creí encontrar en esa mirada el niño que fuiste. El niño tirita, el niño que amaba.
En ese momento era perfectamente capaz de imaginarme enamorándome de ti como hice años atrás. Sin querer, y queriéndote tanto que me odié por nunca poder tenerte.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Cuatro paredes verde lima.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)