viernes, 25 de diciembre de 2015

El Dios del sexo es rechazado.

Querida sombra:

No puedo estar más decepcionada. Sinceramente es así como se caen los mitos y no vuelven a levantarse.

Como ya sabes, llevo un par de semanas hablando con el chico de las pesadillas. Alguien que, aunque sea frío y distante, ha conseguido hacer que mis semanas estén repletas de días geniales. A pesar de todo he cogido un cariño hacia él que por muy decepcionada que esté, este aprecio no se puede ir de un día a otro. Quizás nunca se vaya. No puedes dejar de querer a alguien que ha iluminado todos tus días a pesar de haber oscurecido el último de todos. Las personas somos así. No podemos pretender que un sol hecho de piel nos ilumine siempre.

La causa de mi decepción es haberme sentido utilizada. De nuevo utilizada por un chico que me gustaba. Pero de una manera más sucia en mi opinión.

Ayer me insinuó que quería obtener de mí placer pero de una forma... Como si lo nuestro solo fuera de un día, de usar y tirar. Ni siquiera voy a ponerme a relatar lo que quería para ensuciar este blog, así que con eso dejo todo dicho.
Yo le tomé en broma y obviamente le rechacé, pero a partir de ese momento él estuvo aún más frío e incluso me dejó de hablar durante unas horas. Luego yo volví a hablarle por la noche, pensando que solo había tenido un mal momento o algo así pero siguió en su línea.
Lo peor de todo fue cuando le pregunté por el motivo...
No le había hecho caso. No había ido a su casa cuando él me lo había dicho. No le había dado placer.
Y SOLO eso le demostraba si merecía la pena o no. Y la respuesta es no.
Es una especie de prueba que tiene para ver quién es la chica adecuada. La única que, tras los miles de rechazos de las demás, acepte.
Me dejó indignada, devastada, decepcionada, desilusionada. Él no era nadie para decirme a mí que no valía la pena por simplemente eso. No podía decirme que eso le demostraba que le iba a dejar en cualquier momento si llegásemos a más.
¿Qué clase de lógica tiene eso?
A pesar de todo le dije todo lo que pude para hacerle abrir los ojos. Es que ya no es sólo la parte que me toca en la historia... ¿Qué va a ser de él? ¿Qué clase de persona va a encontrar en el intento de no sufrir? Va a sufrir el doble y se dará cuenta demasiado tarde.
No puede basar su vida amorosa en sexo a primera vista, por así decirlo. Como dijo mi mejor amigo, llega un día en el que te das cuenta de que el sexo realmente no es como lo ponen, no es importante. Es el amor lo que merece la pena en esta vida y todo el mundo se acaba dando cuenta. Aquello que merece la pena es invisible a los ojos.
Y sombra, ¿qué va a ser de mí? ¿Cuántos años necesito que pasen para dejar de confiar en las personas?
Realmente nunca me he tenido en mucha estima, pero pienso que le sabría haber hecho feliz, que él me habría hecho feliz a su manera, que le habría merecido la pena conocerme, que todo habría merecido la pena, incluso los días más grises habrían merecido la pena. Realmente lo pienso y es algo que duele.
No sé cuánto de flexible es mi corazón pero espero que pronto llegue a su límite, que deje de estirarse y sufrir.

Con cariño,
la que no merece la pena.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Navidad.

Querida sombra:

Hace unos días estaba pensando en lo bonita que es la Navidad. Todo lleno de colores, luces y de personas con prisa. Pero esta vez esa prisa no es por el ajetreo de la monotonía de un día a día lleno de trabajo y horas de sueño, sino por la compra de regalos y alimentos para pasar estos días en familia. No puedo evitar pasear por las calles de Madrid con la boca abierta, captando todo detalle y sin dejarme nada que observar. Me gusta imaginar la vida que pueden tener ciertas personas a las que no volveré a ver en mi vida y en esta época del año esa curiosidad incrementa.
Personas, personas y nada más que personas de un lado a otro. Y todas parecen desprender un brillo que no les acompaña de costumbre.
¿Qué sería de la Navidad si no existiera esa magia en las personas?

Luego estuve pensando en lo injusta que puede llegar a ser la Navidad. Mientras la mayoría es feliz hay otra parte que pasa de los peores días del año. Porque la Navidad también tiene la manía de hacer recordar a aquellos que ya no están, y también recuerda que esta fiesta no es igual para aquellos que carecen de dinero. ¿Por qué el dinero limita todo?
Al final todo se reduce a eso. A la sociedad, el consumismo.

Quizás sea culpa mía por encontrar siempre el fallo en todo lo que parece bueno. Es bien sabido que hasta lo más perfecto del mundo no está libre de errores. Es tarea nuestra el querer ver estos fallos agrandados o reducirlos hasta casi no verlos.

Y en la Navidad, prefiero reducir los errores.
Si la sociedad ha conseguido crear algo tan bonito, entonces ¿por qué no dejarse llevar?

Con cariño,
Jo jo jo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Con astillas clavadas.

Querida sombra:

No entiendo por qué tengo la especial manía de pillarme por chicos que pienso que puedo arreglar. Chicos que noto incompletos y vacíos.
Estos chicos son como muebles del Ikea, están hechos de piezas que no tienen sentido por separado pero yo sé que, con las piezas unidas, formará algo muy bonito. Siempre creo ser aquella que podrá construirlos. Creo que yo puedo ser el modo de que este mueble incompleto sea algo increíble.
Pero no estoy preparada para que estas piezas lleven astillas. Nunca puedo arreglarlos sin clavarme las astillas en el proceso. Puedo aguantar unas cuantas, pero no una tras otra sin cesar.
Sinceramente, no soy tan fuerte.
No sé quién me creo. La ayudante de las causas perdidas. En realidad soy más débil que ellos. Siempre es más débil aquel que conoce su debilidad que el que tiene sin conocerla.
Siempre llega el día en el que abandono. Ese día es en el cual tengo el corazón en el dedo meñique y sé que con un paso más se acabará escapando.
No creo que todas las lágrimas del mundo me hayan servido para no ilusionarme más. Yo elegí este camino y ahora es este camino el que me elige a mí.
Muchas veces me siento como la gilipollas de este siglo. Veo a parejas vacías de sentimientos pero con sonrisas de lastimera felicidad. Mientras tanto yo, siento que mis ojeras son lagunas de tanta agua que han recogido.
Quizás nací en el siglo incorrecto. No puede ser normal sentir tanto en una sociedad tan hueca.
A veces me siento como Atlas, cargando sobre sus hombros el peso del mundo. Otra veces siento que es el mundo el que me tiene que cargar a mí.
Las personas pueden escucharme, leerme, incluso restarle importancia, pero siempre me noto incomprendida. Agradezco a estas personas por querer quitarme un poco de peso aunque no me comprendan.
Otras veces ya directamente siento que todo en mundo que dijo estar a mi lado me da la espalda. No puede ser normal ver la tristeza en los ojos de alguien y quedarse sin hacer nada. Pero supongo que están tan acostumbrados a mi tristeza que ya no saben cuando realmente les necesito.
Pero a quien necesito sobre todo es a mí misma, pero nunca me encuentro. Si me fallo yo, ¿cómo no me van a fallar los demás?

Y dicho esto diré por último que siempre olvidamos que, al final del día, tanto reyes como mendigos solo son estrellas perdidas tratando de iluminar la noche.

Con cariño,
el Atlas del siglo XXI.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El chico de las pesadillas.

Querida sombra:

No sé cuántas veces habré podido decir lo cansada que estoy de ser una peonza en el amor. En dar vueltas en un sentido y luego en el otro. Elegí que me gustasen todos para no ser dañada pero veo a mi alrededor a unas personas tan increíbles que me acaba doliendo igual. No es tan gordo como el balazo de un amor profundo pero estoy sufriendo pequeñas balas por cada uno del que me ilusiono. No me gusta ser tan entusiasta, pensar que alguien puede quizás quererme, pensar que no tienen motivos para enamorarse de mí pero tampoco tienen motivos para no hacerlo. Quizás algún día decidan elegirme como yo elegí enamorarme dos veces. Algún día podré volver a aferrar mi corazón a alguien.
El último chico del que hable... De verdad pensé que nos iríamos conociendo y al final seríamos muy buenos amigos pero donde no se ve interés no merece la pena albergar esperanzas. Veo cómo mira a una de mis mejores amigas, a la chica que siempre hace enloquecer a aquellos que la rodean. Creo que nunca me han mirado con tal adoración. Como si cada palabra que sale de su boca fuese la melodía que querría que le acompañara para siempre. Como si hiciese magia. Como si yo no estuviera a su lado siendo consciente. Como si solo existieran ellos dos en el mundo.
Y es por eso, que decidí montar otro muro sentimental. No me merece la pena seguir por ese camino. No quiero volver a llorar por un chico. Así que mejor darse por vencido antes de verse demasiado involucrado.
El caso de mi título es que, el mismo día que me hicieron la sorpresa por mi cumpleaños, hicieron un grupo de whatsapp en el que habían muchas personas que yo conocía pero no que hablase con ellas.
Entre ellas está el chico de las pesadillas, un chico que nunca me inspiró mucha confianza. Esa forma de vida, esos piercings,... Pensé que yo siempre había sido del clásico chico bueno. Nunca de los malos. 
Pero supongo que una nunca acaba de conocerse del todo.
Volviendo al chico, poco a poco voy viendo que no es para nada la imagen que he tenido en mi mente durante cuatro años. Bueno un poco si tiene del típico chico malo y pasota. Pero tiene ese lado sensible de tantos personajes de las novelas que yo creía que era falso. Pero existe, sombra, existe. Es sensible, de conversaciones interesantes, romántico... en el fondo y comparte muchos aspectos que me caracterizan. ¡Incluso lee!
Ay sombra, creo que una amiga mía se ha empeñado tanto en que me guste que al final lo hace de verdad.
Ahora hablo con el por privado y eso ha hecho que lleve dos días sin conseguir coger el boli, ni en clase, ni en casa.
Parece tan roto como yo. Creo que solo necesita que le quieran. Creo que él cree que se quiere pero no lo hace. Creo que yo podría ser feliz. Creo que él podría ser feliz a mi lado.
Creo que se insinúa pero no quiero caer porque sé que será algo sin salida.
No quiero utilizarnos para borrar los manchones del pasado. Quiero que me consideren como una opción, no como una salida.

Y sobre todo, tengo miedo. No quiero pillarme pero sobre todo no quiero que se enamore de mí aunque lo esté deseando. No me gusta el típico chico malo, pero lo estoy deseando.

Espero que me entiendas. Ya harías más que yo.

Con cariño,
la que va ciega hacia el peligro.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Después del cumpleaños.

Querida sombra :

Mi cumpleaños fue el 9 de diciembre, no el 8, que es con la fecha con la que se empeña Blogger.
Fue un día muy aburrido, estudiando química. Además de que siempre en los cumpleaños una se decepciona. Me paro a pensar en todos los cumpleaños que recuerdo en el año y que de todas esas personas solo me felicita un 30%. Supongo que siempre pretendes que los demás te tengan el mismo estima que les tienes y resulta que no es así.
El buen día fue este viernes 11, en el que me dieron una sorpresa y pasé la tarde con una muy buena compañía. No se me podía ir la sonrisa de la cara a pesar de ser muy mala expresando lo que siento.
Es en ese momento, cuando ves tanta gente que te quiere, que te das cuenta de lo afortunado que eres de tenerles. Pero luego llegas a casa y cuando se va el subidón, te das cuenta de que de nada vale la pena un día así al año si el resto del año no se preocupan por ti. Quizás prefiera tenerles todos los días a mi lado a que me muestren que me quieren una vez en el año.

No sé, un chico me ha llamado quejica por primera vez en mi vida.
Y puede que tenga razón.

Con cariño,
la quejica.

martes, 8 de diciembre de 2015

Cumpleaños.

Querida sombra:

Hoy hace diecisiete años desde que nací. Qué rápido y qué lento pasa el tiempo a su vez, ¿verdad? Cuando te pones a estudiar historia te das cuenta que diez, veinte años, pasan enseguida. Que da igual que sea 1852 a 1980, en cierto modo, ya que lo ves como una simple cifra. Pero... ¡cuántas historias pueden pasar en un mismo año! La de risas, lágrimas, enfados, alegrías, decepciones... me habré llevado este año.
Aún sabiendo lo rápido que nos llega a pasar la vida, nadie (al menos yo no) la disfruta como debería.
Pensamos que, al estar vivos, somos materia sin caducidad. ¡Pero mejor no hablar de la fugacidad de la vida! Al menos hoy no, ya habrá más días para lamentarse.

Con cariño,
la diecisieteañera.