Querida sombra:
No entiendo por qué tengo la especial manía de pillarme por chicos que pienso que puedo arreglar. Chicos que noto incompletos y vacíos.
Estos chicos son como muebles del Ikea, están hechos de piezas que no tienen sentido por separado pero yo sé que, con las piezas unidas, formará algo muy bonito. Siempre creo ser aquella que podrá construirlos. Creo que yo puedo ser el modo de que este mueble incompleto sea algo increíble.
Pero no estoy preparada para que estas piezas lleven astillas. Nunca puedo arreglarlos sin clavarme las astillas en el proceso. Puedo aguantar unas cuantas, pero no una tras otra sin cesar.
Sinceramente, no soy tan fuerte.
No sé quién me creo. La ayudante de las causas perdidas. En realidad soy más débil que ellos. Siempre es más débil aquel que conoce su debilidad que el que tiene sin conocerla.
Siempre llega el día en el que abandono. Ese día es en el cual tengo el corazón en el dedo meñique y sé que con un paso más se acabará escapando.
No creo que todas las lágrimas del mundo me hayan servido para no ilusionarme más. Yo elegí este camino y ahora es este camino el que me elige a mí.
Muchas veces me siento como la gilipollas de este siglo. Veo a parejas vacías de sentimientos pero con sonrisas de lastimera felicidad. Mientras tanto yo, siento que mis ojeras son lagunas de tanta agua que han recogido.
Quizás nací en el siglo incorrecto. No puede ser normal sentir tanto en una sociedad tan hueca.
A veces me siento como Atlas, cargando sobre sus hombros el peso del mundo. Otra veces siento que es el mundo el que me tiene que cargar a mí.
Las personas pueden escucharme, leerme, incluso restarle importancia, pero siempre me noto incomprendida. Agradezco a estas personas por querer quitarme un poco de peso aunque no me comprendan.
Otras veces ya directamente siento que todo en mundo que dijo estar a mi lado me da la espalda. No puede ser normal ver la tristeza en los ojos de alguien y quedarse sin hacer nada. Pero supongo que están tan acostumbrados a mi tristeza que ya no saben cuando realmente les necesito.
Pero a quien necesito sobre todo es a mí misma, pero nunca me encuentro. Si me fallo yo, ¿cómo no me van a fallar los demás?
Y dicho esto diré por último que siempre olvidamos que, al final del día, tanto reyes como mendigos solo son estrellas perdidas tratando de iluminar la noche.
Con cariño,
el Atlas del siglo XXI.
🐥🐥🐥 GRANDISIMO ABRACHO POLLO
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