viernes, 10 de junio de 2016

De las calles de Madrid.

De mis labios, un suspiro. Esta noche el termómetro de Madrid da más de treinta y cinco grados pero esta ciudad nunca se ha sentido tan helada. Me retuerzo las manos, obligándoles a comprender por qué no sostendrás más mayos.
Con el alma cuarteada, no puedo no recordar tu andar desgarbado y la importancia que dabas a esas estupideces que me suelen salir de la boca sin esperarlo. 
De tu corta vista de largas miradas.
No se oye el eco de mis pasos esta noche, aquellos que incluso solías apreciar.

¿Quién en su sano juicio no se habría vuelto loco por ti? Tú, que dabas un nuevo sentido a la vida, que me apreciabas más de lo que yo he hecho nunca, que me sostenías cuando perdía el rumbo. Yo, que te habría escuchado hablar hasta quedarme dormida, que habría esperado un verano por iniciar un septiembre a tu lado.

¿Qué me queda ahora que no estás? Dormir sin soñar. Esperar que tu risa mis acordes vuelvan a tocar.

Las calles de Madrid no se hicieron para caminar sin ti a mi lado.

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