Querida sombra:
No, en esta carta no hablaré sobre el chico de los ojos verdes. No hay amor en las palabras que hoy traigo, sólo el alma rota por una amistad que me causa decepción.
Y es el mismo chico del cual más me enamoré en toda mi vida el que a día de hoy más fastidio me causa su presencia.
Siempre dice que sabe quién es, incluso te crees que lo que lleva encima es seguridad y una fuerte personalidad. Pero sólo es un chico plastilina. Un chico que trata de hacerse notar causando molestia. Un chico que adopta cada año la personalidad de aquella persona que tenga cerca. El año pasado fui yo, y quizás por eso le quise tanto, sabía cómo ser conmigo, qué me gustaría, qué me haría feliz en alguien. Pero ahora todo ha cambiado o quizás sea la desventaja de ver el amor desde otra perspectiva.
Pero ¡ay, sombra! Tanta falsedad, ambición, orgullo, interés,... le envuelve que no puedo evitar odiarle tanto.
Cada día hay una gota más que colma un vaso rebosante.
¿Qué clase de amigo sólo viene por interés y cuando peor te encuentras huye? ¿Qué clase de persona deja sola a su amiga con una enfermedad terminal para evitar los efectos colaterales? Esto último lo hizo, aunque la víctima no fui yo.
Y es cierto que del amor al odio hay un paso. Por el que hoy suspiras amores mañana resoplas furiosa.
Cuéntame. ¿A ti te ha pasado?
Con cariño,
desde el otro lado del amor.
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